Antroposofía

¿Es el hombre un ser libre, o por el contrario está sometido a designios ajenos a su voluntad, y que determinan irremediablemente su existencia?

La evolución cultural de los últimos siglos ha llevado a posturas contrapuestas respecto a la concepción del hombre y de la vida, pero que de alguna forma coinciden en su respuesta a la pregunta anterior.
Por un lado existe la que podríamos denominar “visión científica”, según la cual el hombre es sólo un eslabón más en la cadena evolutiva, simple resultado de la selección natural y de las mutaciones debidas al azar. Según esto, el comportamiento del hombre está totalmente determinado por sus características genéticas (fruto del azar), y por las modificaciones que el ambiente (padres, educación, entorno social...) produce sobre esa estructura genética.

Por otro lado existe la llamada visión “religiosa”, según la cual todo lo existente, y en especial el ser humano, es obra de la creación de Dios. Toda la vida es un plan de Dios, y el hombre debe cumplir con sus designios, que nos han sido dados por las revelaciones de las distintas religiones.

Como vemos, las dos posturas, la evolucionista y la creacionista, reducen al hombre al papel de mero objeto de causas ajenas, y por tanto carente de libertad.

Sin embargo todo hombre lleva dentro el anhelo de libertad, y también, de forma más o menos consciente, la necesidad de comprender el sentido de su vida y de su existencia.

Si fuera correcto el enfoque evolucionista, ¿cómo se explican el anhelo de libertad y la búsqueda del sentido de la vida, y qué relación tienen con la lucha por la supervivencia y la adaptación al medio? ¿Acaso la poesía, la literatura, la música, la pintura... no ponen de manifiesto que en el hombre existe un principio superior que no se mueve por la necesidad? ¿Acaso la capacidad del ser humano de descubrir las leyes de la naturaleza no pone en evidencia que él puede comprenderlo todo? ¿Y acaso eso no nos muestra que en él también existe un impulso creador, quizás el mismo principio creador que se manifiesta en la naturaleza?

Si fuera cierto que todo es sólo una creación de Dios, y que al hombre sólo le corresponde obedecer sus mandatos para alcanzar la salvación, entonces, si el hombre sólo puede creer y obedecer, y es incapaz de comprender, ¿cómo podemos hablar de responsabilidad moral en el hombre? ¿Y cómo podemos compaginar los mandamientos tan distintos de las diferentes religiones? ¿Con qué criterio consideraremos correcta a una religión y no a otra?.

Todos estos planteamientos han llevado a una dicotomía entre fe y razón, entre religión y ciencia, y actualmente se acepta con resignación que son dos conceptos incompatibles. Sin embargo, a principios del siglo pasado, Rudolf Steiner, científico, filósofo y artista, proclamó de una manera abierta y precisa, que el camino hacia el conocimiento del hombre y del universo ya era posible para todo aquél que quisiera seguirlo, y que ese camino lleva a la libertad. Y no sólo dio a conocer todos los conocimientos por él adquiridos con el mismo rigor de la ciencia, sino que enseñó todas las pautas para que los demás pudieran descubrirlo por sí mismos. Ese camino de conocimiento es la antroposofía, un camino que nos permite descubrir y vivenciar quiénes somos y cuál es nuestra relación con el Cosmos. Es la realización del mandato de los antiguos oráculos: “Hombre, conócete a ti mismo”. En ese camino el hombre va descubriendo las leyes espirituales que rigen la existencia, y al igual que el descubrimiento de la ley de la gravedad permitió al hombre liberarse de ella y volar, también el descubrimiento de las leyes espirituales da al hombre la posibilidad de la libertad en todos los ámbitos de la vida. Por eso la antroposofía es un camino hacia la libertad.